Evolución
La evolución de la enfermedad es diferente en cada individuo. En muchos casos, la progresión del síndrome de Dravet comienza a estabilizarse a partir de los cuatro años de edad. Los ataques parciales y mioclónicos pueden atenuarse y en algunos casos desaparecer. Los ataques convulsivos por lo general persisten, a pesar de que su frecuencia e intensidad pueden moderarse, a menudo ocurren durante el sueño. La fiebre continua siendo el detonante de crisis, incluso puede presentarse algún status epiléptico. Las funciones motriz, cognitiva y de comunicación se estabilizan pero los retrasos significativos permanecen en diversos grados. La rareza de la enfermedad y su identificación, relativamente reciente, hace que el diagnóstico a largo plazo y la esperanza de vida constituyan una incógnita a día de hoy.

